Los selfies pueden ser muy peligrosos

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La imagen de un turista sonriente con un león que lo observa ferozmente detrás de una valla electrificada en el fondo ya no es un buen selfie si el protagonista no intenta tomar la foto abrazado al animal.

Este parece ser el nuevo código del llamado turismo extremo que, sin una fotografía muy peligrosa, no parece significar nada. os audaces fotógrafos de sí mismos están logrando marcas increíbles.

En Internet ya pueden encontrarse las mejores instantáneas que podrían describirse como autofotos extremas. Está entre las primeras la que tomó el piloto de un caza noruego F-16 durante un ejercicio en el norte de Noruega. El hombre parece olvidar los controles del costoso avión de combate para sonreír a su propia cámara.

Alguien tomó una selfie peligrosa mientras buceaba con los tiburones en Aliwal Shoal en Sudáfrica. En otra foto similar, pero en algún lugar del Caribe, una nadadora sonríe, mientras que detrás, no lejos, un tiburón también sonríe con sus dientes de sierra con otras intenciones distintas a las de posar.

Otra selfie muy audaz muestra a un hombre que intenta obtener la imagen perfecta en el Volcán Benbow, Ambrym Island, en actividad.

Los expertos en la industria turística (y algunos psiquiatras) piensan que este tipo de selfies se incluyen en el llamado turismo extremo. El turismo extremo es un nicho en la industria del ocio que implica viajar a lugares peligrosos como montañas, selvas, desiertos, cuevas, cañones, etc. o participar en eventos peligrosos.

El turismo extremo se superpone con el deporte extremo. Los dos comparten la atracción principal, la “adrenalina”, causada por un elemento de riesgo, y difieren principalmente en el grado de compromiso y profesionalismo.

Algunas de los lugares que son atracciones famosas del turismo extremo son Chernobyl en Ucrania, nadar en la Laguna del Diablo -the Devil’s Pool- en Victoria Falls y pasar por el llamado Paseo de la Muerte (Death Road Tour) en Bolivia.

Las autofotos extremas parecen un complemento para los turistas audaces que luego muestran sus hazañas en reuniones de amigos, si sobreviven.

La modalidad tuvo un año fantástico en 2016, cuando se reconocieron los selfies más riesgosos del mundo. Algunos intrépidos viajeros hicieron todo lo posible para capturar impresionantes imágenes de sí mismos contra dramáticos telones de fondo, escalar alturas y posicionarse en lugares que no son para los débiles de corazón.

En una de las fotos, un turista tomó una selfie frente al lago de lava viviente en el cráter del volcán Erta Ale, el más activo de Etiopía.

El otras fotos la gente sonríe tomando autofotos mientras cuelga de aviones y helicópteros en Barcelona, España.

Los intrépidos competidores terminaron saltando desde grandes alturas vistiendo un traje de alas. Otros amantes de la emoción subieron a la cima de edificios en todo el mundo para explorarlos, a menudo desafiando las reglas de seguridad.

Para consultar las primeras estadísticas de casos fatales en intentos de selfie pinche aquí.

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