Su safari. ¿Con balas o con fotos?

TurismoPlus.ORG

En la foto tradicional del fin de un safari se ha visto por largo tiempo al hermoso animal muerto y sus sonrientes cazadores detrás, bien vivos y armados, con sus fusiles relucientes.

La gráfica es para dolor de los amantes de los derechos de los animales aún tradicional. En Internet un cazador experimentado ayuda a otros a escoger el fusil preciso para matar antílopes, un animal que por algún motivo es el que pierde su vida con más frecuencia entre otros que viven en selvas y bosques como inicio de sangre de un cazador.

“Pocos son los que empiezan abatiendo un leopardo o un búfalo, y sin embargo muchos cazadores europeos o estadounidenses pueden permitirse empezar cazando antílopes, un safari muy variado, con muchas oportunidades de caza y por un precio mucho más asequible. Ese cazador que nunca ha visitado África, se suele enfrentar a la duda de cuál es el arma adecuada para su primer viaje”, escribió el consejero.

Elegir el rifle adecuado para ir a un safari de antílopes a África es importante aún. Pero según el experimentado autor se trata de una pregunta muy difícil de responder, ya que nadie tiene la respuesta absoluta, aunque subrayó hay muchas soluciones válidas para esta cuestión.

Un problema real que enfrentan los cazadores de animales africanos cuando viajan al continente en el que viven a matarlos es el dilema de viajar con su rifle. Después de todo es un arma que sirve para liquidar a cualquier ser viviente, incluyendo un humano.

Se puede viajar con un rifle al África si se cumplen requisitos complicados y reglas establecidas para montarse en un avión. Según los consejos en Internet un cazador profesional siempre viajará con su arma propia adecuada para las especies que quiere abatir.

No puede negarse que los safaris han sido siempre un momento de romance, aventura y audacia. Y, siendo benigno, no surgieron bajo el estampido de las armas, sino del estudio de exploradores científicos de especies sorprendentes. Quizá por ello existen esperanzas de que algún día esos estampidos de la pólvora sean sustituidos totalmente por el ya casi inexistente “click” de las cámara, todas digitales.

En África y pese a los cruentos cazadores furtivos, animales como los hipopótamos, leones, elefantes, rinocerontes y muchos otros están un poco más seguros.

Cada vez con más frecuencia el safari se dedica al avistamiento de animales en un área natural, como el Parque Nacional Etosha en Namibia, la Reserva de Animales Moremi en Botsuana o la Reserva Nacional Masái Mara en Kenia. Esos “cazadores” apuntan y aguantan la respiración como los otros, pero solo captan la imagen de un ejemplar vivo y coleando.

Los integrantes de tales safaris no tienen que preocuparse en transportar rifles. Esto es una ventaja en el mundo desconfiado de hoy. Por lo regular además de tomar la imagen de un león, por ejemplo, paga por verlos en un proyecto de conservación de la vida salvaje y de esa manera ayuda a la vida silvestre.

El ruidoso “turismo de aventuras” se sustituye por el “turismo sustentable”. Un turista que toma imágenes ayuda en la generación de empleos de los lugareños y puede vender después sus productos y servicios gráficos.

El safari sin estampidos puede combinar la vida salvaje con visitas culturales y lecciones de astronomía, hasta sesiones de yoga y masajes en plena selva.

El romanticismo y los conflictos individuales de novelas como Las Nieves del Kilimanjaro, del fantástico Ernest Hemingway, quizá no se puedan igualar por el cazador de imágenes desaparecida la lucha a muerte del cazador y el animal cazado.

Pero puede tener otros ingredientes similares como dormir en una tienda bajo las estrellas o si prefiere hospedarse en un alojamiento privado con mayordomo, chef y guía personales.

Al final el animal vuelve a su vida. Aún respira y alimenta a sus cachorros. Corre por las estepas cazando a sus presas -propio de su condición salvaje- , y al año siguiente puede estar en la misma área, y saber cómo ha ido su vida.

Según las estadísticas las llegadas de turistas internacionales a África aumentaron un 6% en los primeros cuatro meses de 2018 frente al mismo lapso de 2017. Todo parece indicar que un turismo nada cruento y más inteligente deja más dividendos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: