Dentista húngaro se fue a caballo a Mongolia

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Istvan Bentse un dentista húngaro de 54 años se cansó de su profesión y se fue a Mongolia a caballo.

Tan simple como se lee. Fueron 9.000 kilómetros y cruzó ocho países. Tal era el aburrimiento que tenía que matar Bentse de años de atención a pacientes siempre quejosos aunque nada les doliera, que no dio síntomas de cansancio en su viaje de dos años y medio, durante los cuales uso muchos caballos e implantó una interesante modalidad turística para la cual, claro está, se necesita tiempo para practicarla.

Algunas cosas ayudaron a este Llanero Solitario para su largo paseo con muchos caballos “Silver”.

Uno de los impulsores fue su amor por esos nobles cuadrúpedos. Además su interés por Atila el huno, el más poderoso caudillo de esa tribu procedente probablemente de Asia, aunque sus orígenes exactos son desconocidos. Atila gobernó el mayor imperio europeo de su tiempo, desde el 434 hasta su muerte en 453.

Pero Bentse no estaba interesado en gobernar nada. No pudo ejercer el poder en su gabinete pulcro de buen dentista y con la aventura solo quería divertirse.

El buen doctor partió sin despedirse en 2016 de la localidad húngarade Sailo, donde se dice que está enterrado Atila y solo recientemente llegó, casi inesperadamente, a las ruinas de Karakorum, cuyo significado posible es “muralla negra” y que fue la capital del Imperio mongol,emparentado con los hunos, durante el siglo XIII y de la dinastía de Yuan del Norte en los siglos XIV y XV.

Bewntse, parco como un dentista, no ha contado aún toda su historia, pero cuando la publique habrá que leerla. Pasó por Hungría, Serbia, Bulgaria, Turquía, Georgia, Azerbaiyán, Kazajistán y Mongolia en su travesía durante la cual tuvo que cambiar su cabalgadura decenas de veces, especialmente cuando entró a Mongolia, donde jineteó en 40 caballos diferentes.

En este sentido se quejó de que una de las principales dificultades del viaje ha sido el conseguir contactar con establos locales que le permitieran usar sus caballos en la travesía.

A su llegada a Ulan Bator la agencia de prensa Montsame lo entrevistó. “Me siento exhausto tras el largo viaje”, dijo, calmado como Lone Ranger y su caballo Silver en cualquiera de sus peripecias cinematográficas en la vasta Texas.

Al interrogársele por las razones de su viaje confesó que suele “descansar haciendo turismo”. “Pensándolo bien”, agregó, en un bar en la capital mongol, “planeó continuar mi travesía a caballo hasta Pekín.”. Exactamente y en línea recta las capitales de China y de Mongolia están separadas por 1,170.01 kilómetros.

Pero el seguidor de Atila con perfil de Lone Ranger, una vez más parco, no dijo si lo hará en línea recta.

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