Aerolíneas bandera: ¿A favor o en contra?

TurismoPlus.ORG / Foto: Joe Breuer (Pixabay)

Casi todo en la vida tiene 2 caras y las llamadas aerolíneas-bandera no son la excepción.

El concepto surgió en 1944 con el ahora denominado Convenio de Chicago, que definió una línea aérea-bandera como “propiedad sustancial y controlada efectivamente por ciudadanos del país” pero se aplicó básicamente a empresas públicas de propiedad estatal.

Algunas, sin embargo, fueron consideradas así aunque eran propiedad de capital privado, si bien en ocasiones recibían beneficios económicos o de gestión por parte de sus gobiernos.

A favor de estas empresas se expresan argumentos políticos como que constituyen una suerte de embajadores del país en el mundo y económicos, en países temerosos de que si desaparece su línea-bandera  ninguna otra aerolínea ocupe su lugar.

Está claro que la falta de conexiones aéreas afecta la economía, sobre todo de destinos turísticos y por ello algunos gobiernos insisten en mantenerlas en funcionamiento pese a se empresas que producen pérdidas.

Quienes consideran innecesario utilizar dinero público para mantener una empresa inviable económicamente argumentan que, como muchas veces las decisiones las toman los políticos, son menos propensas a retirar rutas que generan pérdidas y son lentas en adaptación a los cambios.

ALGUNOS EJEMPLOS

La aerolínea húngara Malev, que comenzó a volar en 1946 como Maszovlet, representaba más del 40 por ciento del tránsito de pasajeros del aeropuerto de Budapest, pero con su ingreso a la Unión Europea se vio obligada a competir.

En 2010 durante la crisis financiera europea, el estado húngaro tomó el control del 95 por ciento de Malev para salvarla pero  la Comisión Europea dictaminó que era un subsidio ilegal y solo pudo sobrevivir 2 años más.

La situación se puso difícil al inicio para los viajeros húngaros 3 meses el aeropuerto recuperó aproximadamente el 40 por ciento de su capacidad perdida y en 8 meses el 95 por ciento a partir del ingreso de líneas aéreas extranjeras.

Pero la crisis dio lugar también al nacimiento de Wizz Air (línea de bajo costo con sede en la ciudad húngara de Vecsés) que ya volaba desde 2003 pero creció a partir de 2012 hasta llegar a 100 aviones en 2018 y una perspectiva de 300 para 2026.

Entre los países que optan por mantener su línea-bandera ante el temor de que el vacío no pueda ser llenado por empresas extranjeras está Sudáfrica.

South African Airways, según los expertos de Skift -firma dedicada a inteligencia de la industria de los viajes- opera constantemente con pérdida, pero sigue volando con la ayuda del gobierno.

Según el criterio de Vuyani Jarana recogido por Skift,  es impensable cerrar la empresa de más de 80 años porque juega un papel muy importante en el movimiento de personas en el continente a pesar de sus problemas financieros.

Pese al gran hueco que dejaría South African Airways si desaparece (mucho mayor que el de malev) algunos expertos consideran que el el mercado lo lograría aunque no en un período corto.

Un caso de éxito es Ethiopian Airlines, una empresa estatal que opera como una empresa privada, aunque sus competidores aseguran que recibe beneficios que no se les otorgan a ellos.

Algo similar en lo relativo a ayuda gubernamental se le atribuye a las líneas aéreas de Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Turquía (Etihad Airways, Emirates y Qatar Airways) lo cual motivó una disputa como parte del debate de Open Skies con American, Delta y United.

Los estadounidenses les acusaron de recibir miles de millones de dólares den préstamos gubernamentales sin interés ni obligación de reembolso durante varios años, subvenciones gubernamentales, inyecciones de capital y exenciones de tarifas aeroportuarias.

Pero en realidad la asistencia de los gobiernos, sobre todo en los servicios de los aeropuertos, es algo bastante extendido para beneficiar aerolíneas nacionales.

En el caso de Turkish Airlines esta aerolínea bandera opera como empresa privada, aunque el estado posee 49 por ciento de las acciones y derecho de veto para algunos casos, pero una política que limita las decisiones de los políticos que de alguna forma está dando buen resultado.

Al fin y al cabo los argumentos a favor y en contra se entrecruzan, pero parece importante que cada país sopese detenidamente sus opciones sin mantener con viento en contra una empresa irrentable ni deshacerse de una opción beneficios para  sectores de su economía como el turismo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: