Praga siempre atenta a su reloj astronómico

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El Reloj Astronómico de Praga no es común y corriente. Se dice que es el mecanismo medieval más famoso del mundo.

Ha resistido guerras, rebeliones e intrigas. Actualmente cientos de turistas suelen reunirse ante su torre cada día cuando a cada hora en punto se mueven figuras sorprendentes puestas en marcha por su ingenioso mecanismo.

Cuatro representan debilidades del carácter de las personas y muestran el irremediable final de todos. El vanidoso se mira en el espejo, el avariento mueve su bolsa, y el lujurioso busca con movimientos de cabeza sus lascivos objetivos.

Pero, también a cada hora, la cuarta figura, un esqueleto, blande su guadaña. Es la Muerte que tiene siempre la última palabra.

“El Paseo de los apóstoles” reafirma con sus 12 muñecos el compromiso religioso. Fueron diseñados para dar esperanzas. Los apóstoles desfilan con cierta alegría mecánica. No es en vano que tratan de bendecir a diestra y a siniestra.

San Pedro tiene la llave del cielo. San Pablo porta una espada y un libro. Santo Tomás lleva un arpón mientras que San Judas Tadeo lleva un libro en su mano izquierda, San Simón muestra una sierra porque es el patrón de los leñadores, San Bartolomé tiene otro libro y San Bernabé un misterioso papiro. San Mateo enarbola un hacha como patrón de constructores, carpinteros y herreros y San Juan y San Andrés una cruz.

El Reloj Astronómico tiene muchas leyendas, todas vinculadas al destino de los humanos. La primera y más conocida es que fue construido en 1410 por el maestro relojero Hanus y perfeccionado por Jan Taborsky en el siglo XVI.

Se dice que Hanus nunca pudo construir nada igual después porque los concejales le dejaron ciego para que no lo hiciera. Se dice además que el reloj no se hizo para medir la hora sino como un plan de una hermandad secreta quería crear un cronómetro del mal.

El reloj es una joya de Praga, capital de la República Checa, una ciudad sumamente bella, dividida por el río Moldava y llamada “Ciudad de las Cien Torres”. La Plaza de la Ciudad Vieja es su corazón arquitectónico. El puente peatonal de Carlos escenario de muchos episodios históricos se completó en 1402 y está bordeado de estatuas de santos católicos. El escritor Franz Kafka vivió en sus cercanías.

Las noches de Praga son mágicas entre sus calles medievales y sus grandes estatuas. Recorrerlas siempre parece un misterio. Sus cimientos sobrepasan los mil años y siempre ha vivido sus centenares de años de momentos hermosos y trágicos pendiente de su reloj.

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