El candomblé cumple sus promesas

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En Salvador de Bahía todo parece una aventura espiritual.

“Las ánimas del Candomblé siempre están en el aire”, me dijo Matea, una anciana negra, de ojos claros, que hace años acostumbraba a caminar por Mercado Modelo de la ciudad compuesto entonces por casi tres centenares de tiendas de artesanía, pintura, comida y bebidas típicas.

Matea era tan misteriosa como el Candomblé. De edad indefinida pues podía tener 60 años de edad o quizá 100, aparecía y desaparecía en cada rincón del mercado y solía invocar lo que llamaba como el alma de la ciudad.

Salvador es la capital del estado de Bahía en el noreste de Brasil. Fue fundada en 1549 y actualmente es uno de los encantos turísticos del más grande país sudamericano.

Si Salvador tiene un alma es la del Brasil. Representa bien su diversidad y calidad humana, de fauna y de flora. También es un ejemplo de sus grandes ciudades, de sus paisajes, playas y montañas y sus selvas.

En la ciudad predomina la arquitectura colonial portuguesa bañada por todas partes por la cultura afrobrasileña.

Ningún turista puede perderse el barrio de Pelourinho, que es su centro histórico, con calles de adoquines que se abren en grandes plazas, coloridos edificios e iglesias barrocas, como la de San Francisco, con trabajos en madera bañados en oro.

La diversidad religiosa en Salvador de Bahía es impresionante.

Muy cerca de la catedral católica, que se llena en cada fecha de santos, como sucede, entre otras en la de Río de Janeiro, de estilo muy moderno, está un pequeño museo con toda la información que puede requerirse sobre los esclavos africanos llevados a Brasil por los portugueses, y que terminaron siendo la savia del Brasil junto a la europea y la indígena.

En ese pequeño museo se siente el candomblé, en ciertas noches calientes mezclado con la samba.

Es lo que sucede durante el carnaval cuando la fuerza de las tradiciones yorubas recorren la ciudad, sus tejados, sus sectores pobres, opulentos y golpean los rostros de los negros y los blancos, no importa donde nacieron.

El candomblé no debe ser confundido con Umbanda o Batuque, otras dos religiones afrobrasileñas de similar origen, ni con otras religiones afroderivadas como el vudú haitiano, la santería cubana o el Palo Mayombe.

Según Matea una peculiaridad del candomblé es que sus espíritus siempre “cumplen su palabra”.

Me dijo, cuando la conocí, que los turistas no deben sentirse turistas en Salvador de Bahía.

“La ciudad es de todos los humanos de todas las razas”, declaró.

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