El verano golpea al turismo en España

TurismoPlus.ORG / Foto: Marco Vannozzi (Pixabay)

Aunque muchas veces se hace turismo para huir de la política, no siempre el turismo puede escapar de la política y a veces hasta el buen tiempo afecta a un destino, aunque resulte paradójico a simple vista

España, por ejemplo, vivió este verano la confluencia de una serie de factores que encendió el bombillo de alarma en algunos observadores por la caída de su turismo registrada en julio de 2018, en comparación con el mismo mes de 2017.

En realidad los resultados no fueron tan malos, porque ese julio fue el segundo mejor del país en términos turísticos de los últimos años, pero frenó la euforia que llevó a algunos a la idea de que España puede desbancar a Francia como primer destino mundial.

Este traspiés demuestra que el camino del turismo como industria depende de muchos factores, a veces imprevisibles y otras inexplicables.

En 2017 España impuso un récord con 82 millones de turistas, para ubicarse en segundo lugar mundial, detrás de Francia y superar a Estados Unidos que ocupaba esa posición tradicionalmente. Todo parecía estar listo para la nueva toma de La Bastilla.

Algunos destinos españoles, en medio de la euforia, subieron las tarifas de sus hoteles para ganar más, dando por descontado que la demanda no decaería y subestimando tal vez a los destinos competidores.

Pero he aquí que países como Turquía y Egipto, que en 2017 vivieron tiempos turbulentos poco propicios para viajeros, estabilizaron su situación, bajaron los precios atrajeron a muchos de los visitantes.

A ello se sumó un verano europeo caluroso, causante de que muchos británicos decidieron quedarse en casa para disfrutar de esas temperaturas inusuales y dejaron a varios destinos españoles esperando por ellos.

De otro lado Ryanair, una de las aerolíneas que más viajeros mueve a España, sufrió problemas por huelgas, el rublo y el yuan se devaluaron -dicen los expertos que debido a las acciones comerciales de Estados Unidos- y también disminuyeron lo suyo las llegadas de chinos y rusos.

Los franceses que acostumbran a llegar a España por carretera disminuyeron su número en 13%, baja atribuible a la inestabilidad política de Cataluña, región por la que ingresan los galos.

Para colmo el precio del petróleo subió, también achacado en parte a decisiones políticas que afectaron a Irán, y las aerolíneas elevaron los costos de sus boletos y alguna de ellas hasta de las maletas despachadas por los viajeros

Gente con experiencia en el sector como Amor Alonso, de TouriNews, consideran que no es prudente ponerse a llorar porque al fin y al cabo los resultados siguen siendo buenos y augura para el resto del año cifras similares a 2017.

Este será en su opinión “en el peor de los casos el segundo de la serie, puesto que nos moveremos alrededor de los ochenta millones, cuando hace solo cinco años estábamos en 60”.

En realidad las cifras demuestran que la situación no es grave: los niveles de ocupación cayeron 3,2 puntos en julio y 0,3 en agosto, con respecto a 2017, según El País, y algunos destinos se han puesto a trabajar ya sin la ensoñación provocada por los super-números del año anterior.

Un percance que demuestra la fragilidad del turismo y su dependencia de tantos y tan disímiles factores.

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