El Sargazo acecha al turismo

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Cada vez más a menudo, año tras año, capas pesadas de algas pardas malolientes y espesas cubren las costas de algunos de los lugares de vacaciones favoritos del Caribe.

Se trata del sargazo, una planta flotante que habitualmente es defendida como parte de los beneficios de la naturaleza, y en otros, como en el caso de la región caribeña es temida por sus consecuencias.

Después de escapar del Mar de los Sargazos, esta amenazante alga marina ha estado devorando playas a lo largo del Golfo de México y el Caribe, según la publicación digital especializada ACUU Weather, de Nueva York. El denominado Mar de los Sargazos se encuentra en el Océano Atlántico Norte, cerca del Triángulo de las Bermudas. La región ha ganado su nombre por su alta concentración de sargazo flotante.

Los antiguos marineros crearon los primeros mitos y leyendas sobre el conjunto marino de especies de algas pardas que flotan en la superficie del océano.

Cinco países firmaron un acuerdo en marzo de 2014 comprometiéndose a la protección del Mar de los Sargazos. Los conservacionistas y los científicos explican que el sargazo alberga una rica diversidad de vida silvestre, que incluye tortugas, ballenas jorobadas y atún rojo. Los animales comen y se refugian en esa alga marina que flota en cantidades masivas en la zona. Algunos afirman que parece un bosque de lluvia flotante y dorado.

Alta mar , donde está el Mar de Sargazos, es como el Salvaje Oeste. Muchas naciones usan esas aguar y compiten en la pesca masiva y en extraer recursos como los minerales, pero ninguno gobierna esas áreas marítimas. No hay reglas.

Ahora que las plantas flotantes se han detectado en aguas ecuatoriales entre el oeste de África y el noreste de América del Sur, incluidas algunas áreas de la región del Caribe, los investigadores dicen que las floraciones de algas han aumentado en extensión y frecuencia en los últimos años y no ignoran sus peligros.

Para el Caribe, cuyas islas viven del turismo masivo, la llegada del sargazo activa las alarmas. Actualmente islas como República Dominicana y Barbados y otros territorios insulares o no del Mar Caribe están luchando para hacer frente a las cantidades inusualmente grandes de algas Sargassum que están siendo arrastradas en muchas playas.

El gran problema del alga podrida es su fuerte mal olor que suele espantar vacacionistas. El volumen de llegada de las plantas flotantes y “olorosas” en 2018 puede llegar a tener entre tres y cuatro pies de altura en algunos lugares. Los esfuerzos voluntarios para limpiar playas están demostrando ser ineficaces debido a la conformación de muchas costas.

El sector turístico y los pescadores locales se quejan al unísono por las antiestéticas pilas de algas marinas y la dificultad de su eliminación porque podrían comenzar a tener consecuencias económicas negativas a corto y largo plazo.

Algunas islas se quejan de que las algas marinas han reducido la pesca ya y disminuido sus ganancias turísticas. En los últimos años, ha habido una serie de eventos masivos de sargazo en el Caribe y también en playas en los Estados Unidos. La publicación digital de Nueva York afirma que existen grandes áreas de playas cubiertas. Una invasión en Ceiba, Puerto Rico en 2015 incluyó varias costas tan severamente afectadas que algunos turistas cancelaron los viajes. Por su parte legisladores en Tobago calificaron a la nata de algas como “desastre natural”.

Las playas de Galveston, Texas, se vieron inundadas por enormes acumulaciones de algas marinas en el verano de 2014. El evento, se afirma, alejó a los turistas de y dañó la economía local.

La descomposición de grandes cantidades de Sargassum en bahías cerradas puede reducir temporalmente los niveles de oxígeno. Esto puede estresar o matar a los animales adheridos, como los corales, algas marinas, esponjas y peces, afirman estudios científicos.

Una solución alternativa, pero costosa, que se considera contra el exceso de Sargaso es la instalación de barreras marítimas. Se sugiere que esto evitará que las algas lleguen a la costa de manera tal que las corrientes oceánicas vuelvan a transportarlas al mar.

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