Las Bahamas, tradición ecológica en peligro

TurismoPlus.ORG / Foto del autor.

Las Bahamas, un escenario turístico por excelencia, ha logrado consolidarse como destino turístico, además de sus playas memorables, con una historia de conservación de la naturaleza que parece estar amenazada por su propio éxito.

Millones de turistas que visitan las islas cada año para disfrutar de sus bondades podrían estar provocando un daño irreparable a la fauna terrestre y marina, pese a la larga tradición de protección que se remonta a 1892.

Ese año las Bahamas establecieron los Sea Gardens, que fueron la  primera de sus 32 áreas protegida en la actualidad, una muestra de que desde entonces no se perdió el interés en aras de fomentar el turismo.

Muchas de esas zonas son también parques de no captura, donde no se puede pescar.

Un estudio hecho en 2017 por la Fundación Educativa Ambiental Bahamas Reef  reconoció que las áreas marinas protegidas proporcionan valor económico al impulsar el ecosistema de Bahamas en su conjunto.

Shelly Cant-Woodside, directora de ciencia y política del Bahamas National Trust dijo a Sarah Gibbens de National Geographic que pese a esas medidas encontrar un equilibrio entre los millones de turistas y los más de dos millones de acres de áreas protegidas no es fácil.

Al respecto advierte que tanto quienes viajan para admirar la belleza natural como para disfrutar en lujosos resorts o en cruceros pueden dañar las praderas marinas y los arrecifes.

Otro aspecto más recientemente incorporado es la proyección de involucrar a la comunidad para poder conseguir la aceptación de las políticas de conservación entre los habitantes locales que utilizan los recursos naturales para sustentar sus medios de vida.

Otro problema es la pesca ilegal que se registra que pese a las estrictas zonas de prohibición de pesca y la prohibición desde hace más de 20 años de la utilización del palangre.

En el caso de Bahamas es interesante como  han utilizado hasta especies invasoras para atraer el turismo, entre ellas los famosos cerdos nadadores que viven a sus anchas y sin acompañamiento humano en una de sus islas.

De tal forma iguanas, tiburones, arrecifes de coral, peces tropicales y flamencos se integran junto a otras bondades naturales en un contexto que hace de las Bahamas un destino sumamente atractivo.

Las autoridades parecen estar conscientes de ello e intentan por diversos medios proteger la fauna silvestre. Desde 2011, por ejemplo, sus 240,000 millones de millas cuadradas de aguas nacionales son un santuario de tiburones.

Como resultado muchos investigadores afirman que las poblaciones de tiburones prosperan en  las Bahamas más que en otras partes del mundo.

Pero igual suerte no han corrido otros animales como los Conchs, grandes caracoles muy apetitosos, cuyas conchas también son muy solicitadas en los mercados artesanales, por lo que emprendió una campaña dirigida a combatir el comercio y la caza.

Al contrario de lo que sucede con los tiburones, la población de estas caracolas está disminuyendo y los turistas deben saber que al comprar este vistoso souvenir están contribuyendo a su desaparición.

Por ello es importante la recomendación de viajes responsables con la vida silvestre hecha por National Geographic de embarcarse en tours de vida silvestre donde los animales se pueden observar en la naturaleza con la menor interferencia posible.

De cualquier modo, el ejemplo de las Bahamas demuestra lo difícil de lograr un equilibrio entre la protección de la naturaleza y la necesidad económica de muchos países de desarrollar el turismo, pese al crecimiento de la conciencia sobre la necesidad de proteger los recursos silvestres.

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