Regulando el turismo y protegiendo la naturaleza

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Una playa tailandesa recién cerrada temporalmente puede haber perdido su atractivo como ícono de Hollywood, pero ha ganado la reputación de ser un ejemplo de lo que el turismo sin regulaciones puede hacer con el medioambiente.

El caso ha tenido una gran repercusión en la prensa. Incluso ha llegado a las páginas del New York Times. “Una vez un paraíso tailandés prístino, la bahía aislada hecha famosa por la película de Leonardo DiCaprio” The Beach “se ha agotado por el turismo de masas. Ahora se ha tomado un descanso”.

Según informes in situ docenas de barcos y miles de visitantes luchan infructuosamente por echar un una vistazo a las aguas color esmeralda de la Bahía Maya y la reluciente arena blanca.

El lugar, una verdadera atracción internacional, permanecerá cerrado durante cuatro meses para dar vida a los arrecifes de coral y a la vida marina. En otras palabras será una oportunidad de recuperarse. El cierre no parece solo una tendencia momentánea para satisfacer a los defensores de la naturaleza.

Las autoridades tailandesas han dicho que se esfuerzan por equilibrar sus no pocas ganancias con la conservación del medio ambiente y por tanto el cierre de la playa será todos los años. Actuará así como llave de regulación del turismo masivo.

Ello “es parte de un replanteamiento mundial del turismo irrestricto que genera grandes cantidades de dinero pero daña sitios históricos, daña el medio ambiente y a menudo aleja a los locales”, subrayó el reporte del diario de Nueva York. Tailandia tuvo alrededor de 35 millones de visitantes internacionales el año pasado, un aumento de cinco veces en poco más de dos décadas.

Afortunadamente, el cierre temporal no es un evento aislado o local.

Alegando las mismas razones, Filipinas comenzó un cierre de seis meses de su popular Isla Boracay, cuyas aguas el presidente Rodrigo Duterte describió como un “sumidero” a causa de actividades turísticas.

Antes en el año, Venecia, la famosa ciudad italiana que vive del turismo, instaló puertas en dos puentes de acceso durante unas vacaciones de cuatro días en abril, por lo que podría recurrir a ese procedimiento si se ve obligada a rechazar a los visitantes si los números se volvieran abrumadores.

La isla Yoong, parte de la cadena de islas Phi Phi, y la isla Tachai en el Parque Nacional Islas Similan, han estado fuera del alcance de los turistas desde mediados de 2016. Del otro lado del mundo también hay serias preocupaciones sobre lo que puede hacer un turismo masivo a la naturaleza.

Científicos internacionales advirtieron que especies muy raras están siendo amenazadas por el turismo en las Islas Galápagos. Entre estas se encuentran lagartijas, pájaros y otros animales que viven en las islas. La mayoría de ellos son asesinados por el creciente número de automóviles y autobuses que cruzan por las islas.

Especialmente los pinzones, aves que ayudaron a Charles Darwin a probar su teoría de la evolución, están en peligro de desaparecer por completo. Las Islas Galápagos, volcánicas en el Pacífico, a unos mil kilómetros de la costa de Ecuador, representan un ecosistema completo con animales y plantas que no se pueden encontrar en ningún otro lugar de la tierra.

Y no se trata solo de proteger la naturaleza, sino también al turismo.

El turismo es excelente por muchas razones. Es un recurso económico importante para muchas naciones y una forma única de sembrar la fraternidad entre personas de diferentes regiones y culturas.

Entonces, el mundo está obligado a evitar excesos masivos que borren la gigantesca relevancia del turismo.

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