Virgen del Panecillo, custodia de Quito

Por Miguel Lozano/TurismoPlus.ORG

Para los interesados en los destinos religiosos, Quito constituye una experiencia particular porque su mayor escultura erigida en honor a la Virgen María se divisa prácticamente desde cualquier lugar de la ciudad.

Con 42,5 metros de altura, es considerada la mayor pieza escultural del mundo realizada en aluminio y es probablemente la única representación de la Madre de Dios que posee alas.

Instalada en 1975, tras 20 años de construcción, es obra del artista español Agustín de la Herrán Matorras y reproduce una escultura en madera de 30 centímetros del siglo XVIII del escultor Bernardo de Legarda, que se puede ver en la Iglesia de San Francisco.

Se estima que es una alusión a la Virgen del Apocalípsis mientras somete al demonio representado en la obra por una serpiente.

Es conocida como La Virgen del Panecillo por el nombre de la elevación donde fue instalada, que divide el sur y el norte de Quito y cuya cúspide está a tres mil metros sobre el nivel del mar.

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Virgen del Panecillo

Ese cerro debe su nombre actual a los conquistadores españoles que la vieron parecida a un pequeño pan, aunque antes los nativos la llamaron “Shungoloma” (loma del corazón) y allí se rendía culto a Yvirac, el dios Sol.

La Virgen del Panecillo está integrada por siete mil piezas soldadas con platino y aseguradas con pernos y fue colocada sobre una base de cuatro niveles de hormigón revestido con piedra volcánica.

El visitante puede recorrer en la base del monumento un museo sobre la historia del cerro y la escultura, pero lo realmente impresionante –además de la vista de la Virgen alada- es el mirador ubicado a los pies de la Virgen que permite una vista de 360 grados de Quito.

La estatua pesa 124,000 kilogramos y su ala abierta mide 90 metros cuadrados.

Por el origen de su creación es conocida también como La Virgen del Apocalipsis, lo que ha dado origen al mito de que cuando emprenda el vuelo será un señal del fin del mundo.

De momento está bien asegurada al cerro para beneplácito de los quiteños y los visitantes que llegan a la capital ecuatoriana en busca de particularidades de la ciudad, creyentes o no.

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