La Puerta del Infierno está en Turkmenistán

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Si está cansado de viajar a playas paradisíacas o gusta de las emociones fuertes, el desierto de Karakum, en Turkmenistán, le proporciona un espectáculo impresionante: el pozo o cráter de Darvaza, mejor conocido como Puerta del Infierno.

Todo indica que el impresionante espectáculo es resultado de uno de esos errores de cálculo de los científicos, aunque hay versiones diferentes.

Lo más aceptado es que el cráter fue creado alrededor de 1971 cuando cedió el suelo bajo una plataforma de perforación de perforación y se tomó la decisión de prenderle fuego para quemar el gas cuando el metano comenzó a contaminar la región.

¿Estimaron mal la cantidad de gas existente?. Probablemente sí, porque todavía casi 50 años después sigue ardiendo y nadie sabe hasta cuando tendrá combustible.

Aunque parezca extraño, varias agencias de viajes, entre ellas Advantour, organizan expediciones para presenciar el espectáculo dantesco, expresión de la iniciativa y vitalidad de la industria turística que crece cada año frente a todo obstáculo que aparezca.

Según la revista Forbes en los últimos 10 años unos 50 mil turistas visitaron el lugar que tiene el tamaño de un campo de fútbol (225 pies de ancho y 99 de profundidad o 69 y 30 metros) y carece de vallas de protección en sus bordes.

Desde 2013 el área donde se encuentra el cráter fue declarada reserva natural de Turkmenistán, un país de Asia Central que integró la desaparecida Unión Soviética.

La Puerta del Infierno se halla en el desierto de Karakum, de 284,900 kilómetros cuadrados, cerca de la aldea Darvaza, poblada por unos 350 miembros de la tribu Teke, sin caminos ni señalizaciones para llegar.

El camino hasta el Cráter de Fuego no es de rosas, sino de desierto y hay que estar dispuesto al sacrificio si se parte de la ciudad capital Ashhgabat a unas 160 millas, donde se puede contratar la excursión.

El explorador George Kourounis, quien participó en una expedición de National Geographic y la compañía de viajes Kensington Tours realtó en un documental posterior su experiencia al descender por el cráter.

“La primera vez que fijas la vista en el cráter es como algo salido de una película de ciencia ficción. Tienes este vasto y extenso desierto con casi nada allí, y luego está este enorme y ardiente pozo …”

Korounis explicó que el calor abrasador y el brillo de la distorsión que deforma el aire alrededor es simplemente increíble y cuando se está a sotavento, el calor tan intenso impide mirar directamente al viento.

Surrealista no es una palabra lo suficientemente fuerte… literalmente es casi como otro planeta, afirmó Korounis, quien lo describió como “un coliseo de fuego”, con sonido como de un motor a reacción pero sin humo, pues el gas se quema muy limpiamente.

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