Baile, música y colores en Santo Domingo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Si proyecta una visita a República Dominicana, un momento ideal es la época de carnavales, cuando la típica alegría caribeña se desborda y la música, el baile y los colores pasan a regir la vida.

A ello se suman las competencias y la posibilidad también de acercarse a las tradiciones y la Historia de un país que como toda la región es un crisol de etnias que incluye a los taínos, los habitantes caribeños al arribo de Cristóbal Colón en 1495.

A partir de ese hecho histórico comenzó una mezcla que incluyó europeos, africanos, asiáticos… y dio lugar a la idiosincracia particular del dominicano.

Todo ello parec estar presente en las fiestas de carnaval, en las cuales el uso de máscaras simboliza entidades espirituales y sobrenaturales, tribucion heredada tanto de África como de los nativos americanos.

Aunque muchos dan por desaparecidos a los taínos es evidente que nunca desapareció la impronta cultural de estos grupos, que como posiblemente todos los pueblos antiguos tenían su tradición de baile que ellos llamaban areítos.

Un aporte importante y fácilmente apreciable en las fiestas es la influencia africana, entre otros aspectos con la presencia de máscaras aterradoras, instrumentos musicales y danzas que recuerdan muchas veces el período de la esclavitud, tan lejano que ya puede ser convertido en fiesta.

Esclavos y captores constituyen un tema recurrente en los carnavales dominicanos, a los que alguna vez los conquistadores españoles quisieron añadirle algo de su religión, la Católica, como parte de sus intentos de cristianizar a la población.

Hay referencias de que el carnaval se celebra orgánicamente en Santo Domingo desde antes del siglo XVI, pero probablemente antes en la actual ciudad de La Vega, según hallazgos arqueológicos.

Algunos historiadores consideran que fue en República Dominicana donde nació la costumbre regional de relizar estas fiestas antes de la Cuaresma y desde la independencia, el 27 de febrero de 1844, esta fecha gana un peso primordial en la programación.

Pero prácticamente todo el mes de febrero Santo Domingo y el resto del país se la pasan en carnavales que agregan una connotación especial a una visita a uno de los países caribeños donde la alegría y la música son parte de la vida diaria.

Porque como dijo alguna vez el célebre músico dominicano Juan Luis Guerra refiriéndose a su casa familiar, también en todo el país pareciera que “hasta los mangos cantan”… y bailan.

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