Arrancó la regulada temporada antártica.

La Antártida sale ya de la hibernación turística que obliga el largo invierno polar y pronto avistará los numerosos cruceros que participan en la llamada temporada antártica.

Desde Montevideo se anunció para hoy la partida de Expedition un buque de bandera liberiana con 146 pasajeros de vacaciones hacia regiones del Polo Sur. En la región ya comenzó una competencia entre Ushuaia, Puerto Stanley, las Malvinas, Georgia y otros puntos de salida de cruceros.

Pese a ser remota, deshabitada y habitualmente congelada, el continente blanco recibe cada vez más turistas. Ello ocurre pese a que las vacaciones allí tienen regulaciones inimaginables en otros destinos turísticos del mundo.

La razón es que las regiones antárticas son tratadas como si fueran de otro planeta, uno  mucho más limpio que La Tierra.

Los turoperadores antárticos tienen que imponer reglas medioambientales.

Una de las primeras es desinfectar el calzado, seguramente botas que resguardan de las bajas temperaturas antes de darse un paseo. Otra consiste en aspirar los bolsillos de los pasajeros para que no lleven semillas al enorme continente.

Tampoco pueden pisar tierra -si el hielo lo permite- mas de un centenar de viajeros a la vez. Todo está coordinado para que los grupos de turistas no coincidan en sus itinerarios.

“En la Antártida no se puede tocar nada, no se puede ir al baño, no se puede comer en tierra ni llevarte un recuerdito, como un hueso de ballena, por ejemplo. La Antártida se mantiene como uno de los lugares más puros del mundo”, dijo a un diario sudamericano Pilar Fernández, del turoperador Oceanwide Expeditions en Uruguay.

Explicó que toda la actividad está muy controlada y determinada por el Tratado Antártico, un acuerdo vigente que firmaron todas las naciones desde las cuales parten expediciones turísticas hacia el polo durante el verano austral.

Entre todas las reglas que se aplican para el fabuloso viaje, las chinas parecen las más rigurosas.

El gobierno del país asiático se encargó de publicar una lista en la cual aclara que allí no se puede cazar ni una mosca si se encontrara, no se pueden dejar residuos sólidos y no se tocan o alimentan pingüinos, dijo el diario South China Morning Post cuando publicó el año pasado las regulaciones.

Pero en cambio y como grandes gratificaciones personales, pueden visitar con su viaje el lugar más frío, seco y ventoso de la Tierra, acampar en los glaciares, ver pingüinos de cerca (se ven y no se tocan), pasear en kayak por icebergs y asistir a conferencias de científicos internacionales.

Para ello tendrá que pagar una buena suma desde cualquier otra parte del mundo en la que se compre un “paquete” turístico antártico. El año pasado se pagaban al menos 5,000 dólares por persona para visitar el único continente sin ciudades.

Sin embargo el incremento de visitas al continente antártico año tras año demuestra que la industria del ocio es imparable, no importan los obstáculos.

Un ejemplo es que en 1991 viajaron a la Antártida 4.150 turistas mientras que en la última temporada la cifra se elevó a 39.378.

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