Colina de las Cruces en la Lituania mística

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Si quiere visitar el centro de Europa debe viajar a Vilnius, la capital del pequeño estado de Lituania.

Más exactamente, deberá recorrer otros 26 kilómetros al norte de la ciudad hasta donde, según el Instituto Nacional Geográfico de Francia, se ubica el centro del continente, en un punto en el que en 2004 se erigió una columna de granito blanco.

Pero si ya está en Vilnius no debe perder la oportunidad de visitar un destino místico poco conocido pero que demuestra la persistencia de las creencias y la capacidad de la naturaleza humana para imponerse en tiempos difíciles.

Se trata de la Colina de las Cruces, en el montículo de Jurgaičiai cercano a la población de Siauliai, ubicada 210 Kilómetros al norte de Vilnius.

Su habitantes han protagonizados durante siglos, una adaptación de la percepción existente entre los creyentes de que “La Fé mueve montañas”.

En este caso la colina no fue transportada, sino convertida por acto de fé en un lugar sagrado en el cual se acumulan decenas de miles de cruces llevadas en señal de agradecimiento o de súplica por seguidores de la religión católica.

Lo más aceptado es que esta tradición se inició en 1831 para honrar a los rebeldes caidos en un levantamiento por la independencia de Rusia, aunque otros la atribuyen a una aparición de la Virgen María en 1608, muchos antes que las de Lourdes (1858) y Fátima (1917).

La intervención divina no pudo evitar que las cruces de la colina fueran destruidas varias veces, pero la persistencia de los creyentes hizo que cada cada vez que el lugar era arrasado comenzaban de nuevo  a aparecer los símbolos religiosos.

Muchas de las cruces fueron arrastradas e instaladas durante la noche debido a las prohibiciones. Hoy se estima que en la colina se encuentran más de 100 mil cruces, estatuas y otros símbolos religiosos.

Y ya en este punto el visitante debe saber que la creación y el simbolismo de las cruces de Lituania es reconocida desde 2008 como parte del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, según la Unesco.

Para creyentes y no creyentes es, sin dudas, un lugar que una vez visitado es difícil de olvidar, expresión de Fé de un pueblo, pero también de una obstinada creencia en el futuro en momentos de sufrimiento.

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