Los cruceros y el turismo sostenible

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Las compañías de cruceros aceleran sus acciones para corresponder al reclamo de un turismo sostenible y enfrentar un creciente movimiento que señala a esa modalidad turística como responsable de parte de la contaminación en zonas marítimas, puertos y ciudades que tocan esos navíos de paseo.

La estrategia principal para esa labor está contenida en una llamada hoja de ruta adoptada por la Organización Marítima Internacional (OMI) para el período 2017-2023 dirigida a la “reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de los buques”.

Se trata de la realización de estudios sobre la materia con énfasis en la eficiencia energética de los barcos para poder definir las medidas a aplicar en el corto, medio y largo plazo a partir de 2023.

Para eso, la OMI implantó de manera obligatoria la instalación en las embarcaciones de sistemas de recopilación de datos que sirvan de fundamento para la elaboración de políticas al respecto en concordancia con las metas establecidas por el Acuerdo de París (2015).

Ese convenio busca la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero a través de la mitigación, adaptación y resiliencia de los ecosistemas para enfrentar las consecuencias del calentamiento global.

La aplicación de ese pacto debe entrar en vigor en 2020, cuando finaliza la vigencia del Protocolo de Kioto y está íntimamente vinculado a los Objetivos de Desarrollo Sostenible aprobados en 2015 por Naciones Unidas para ser alcanzados en 2030.

Entre esas metas están el combate contra el cambio climático y sus efectos y la conservación y utilización de los océanos, mares y recursos marinos de forma sostenible. Ya a partir de 2020 los nuevos cruceros deben contar con un sistema de navegación con propulsión de gas natural licuado o sistemas de depuración de gases.
Se espera que en 2025 todos los buques nuevos serán 30% más eficaces desde el punto de vista energético que los construidos en 2014, aseguró la OMI.

Esa organización reconoce la existencia de criterios según los cuales la llegada masiva de viajeros a los puertos de atraque de los cruceros colapsa en cierta medida la ciudad y molesta a los residentes.

Esos detractores también critican que los cruceristas una vez en tierra no tienen la posibilidad de conocer completamente la cultura de la ciudad visitada ni dejan un beneficio económico en el lugar al contar con todos los servicios incluidos a bordo de la nave.

Igualmente denuncian la cantidad de desechos generados por los barcos, la perturbación que causan a las especies marinas y la contaminación de los mares derivada del combustible que mueve las embarcaciones.
Cálculos de algunas fuentes afirman que un crucero tipo registra emisiones a la atmosfera equivalentes a 12.000 vehículos.

En 2017 la cantidad de turistas en viajes de crucero ascendió a casi 27 millones, cantidad que se estima crecerá en un millón en el presente año, según cifras difundidas de la Asociación Internacional de Líneas de Cruceros.

 

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