Dieta en el Mediterráneo, un estilo de vida

TurismoPlus.ORG / Foto: Cattalin (Pixabay)

Si viajas a países del Mediterráneo sería casi un pecado evadir las bondades de la forma de comer que ha sido denominada Dieta del Mediterráneo y fue declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco desde 2010.

Los criterios de los expertos alabando sus beneficios son casi unánimes, aunque con algunas adaptaciones en los últimos tiempos para incrementar la cantidad de pescado, disminuir las carnes rojas y considerar sano el gustazo de comer con una o dos copas de vino.

En el curso Avances en Alimentación y Nutrición impartido en el verano de 2018 en la Universidad de Cantabria, España, LLuis Serra catedrático de Medicina Preventiva y Salud pública de la Universidad de Gran Canaria dio una buena noticia: en España esta forma de comer resiste ante la ofensiva mundial de la llamada comida rápida.

Serra, uno de los principales inspiradores que propiciaron la declaración de la dieta mediterránea como Patrimonio de la Humanidad, contrapone la esencia de ese hábito a lo que representa el “modelo alimentario tipo fast food donde predominan los alimentos procesados con grasas y con azúcares”.

Según su criterio actualmente gracias al concepto de dieta mediterránea, basada en productos locales, producidos en el territorio, se recupera la sostenibilidad en el modelo alimentario, que de alguna forma lleva a tomar conciencia sobre el impacto de la producción alimentaria no solamente sobre la salud o sobre el futuro, sino también sobre el medio ambiente.

El concepto se basa no solo en transmitir recetas sino también formas de pesca y  de producción agraria y fiestas en torno a la comida con ejemplos para España, Marruecos, Grecia, Italia, Croacia y Portugal, según el experto

De acuerdo con su opinión se está logrando una revitalización de la dieta mediterránea con algunos puntos clave como consumir productos de cercanía y el moderar el consumo de carne lo que representa también un aporte a la agenda de mitigación del cambio climático.

Entre las acciones para contribuir a la sostenibilidad Serra propone “comer menos carne y menos derivados de vacuno porque su consumo es uno de los principales causantes de la emisión de gases de efecto invernadero”.

También sugiere dedicar atención particular a los productos que se compran, reciclar, no comprar muchos alimentos envasados, respetar los procesos de producción de alimentos, conocerlos y entusiasmarnos por saber de dónde vienen los huevos y el pescado que consumimos.

Otro consejo para acompañar la forma de comer de los países mediterráneos es evitar el consumo porque puede provocar enfermedades y también porque es una forma de despilfarrar productos el consumir más de lo que se necesita.

Estilo de Vida

Más que dieta, la valoración actual de esta herencia cultural es que conforma un estilo de vida saludable, que no excluye las celebraciones en torno a los fogones.

Un elemento importante es la utilización del aceite de oliva en lugar de otras grasas y aumentar el consumo de pescado, frutos secos, cereales, vegetales y verduras de temporada, hierbas aromáticas y condimentos.

La Fundación Dieta Mediterránea actualizó el esquema para la selección de alimentos, la llamada pirámide que, como la anterior, sitúa en la base los alimentos principales y relega a los estratos superiores los se deben consumir moderadamente.

Un aspecto importante de la actualización es que no solo se trata de priorizar algunos alimentos, sino también aborda la manera de seleccionarlos y cocinarlos.

También se aconseja que el pan, pasta arroz o cuscús sean preferentemente integrales para mantener propiedades que se pierden durante el procesamiento y consumir verduras tanto en la comida como en la cena.

Esto debe ser combinado con 1,5 o 2 litros de agua al día, incluyendo las infusiones de hierbas (con poca azúcar) y caldos (bajos de sal).

Resumen para aplicar la dieta mediterránea

Consumir:

Solo aceite natural de oliva.

Pescado, aves y huevos.

Cantidades generosas de verduras, frutas y legumbres.

Hierbas aromáticas para sazonar.

Consumir con moderación:

Frutos secos como arándanos, almendras, nueces

Miel y aceitunas.

Carne roja.

Vino, sobre todo tinto, y preferentemente con la comida.

Eliminar:

Azúcares refinados y harinas procesadas

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